Deja esa ola,
mi niño
déjala ya, que se vaya.
¿No ves que no es un juguete?
No puedes llevarla a casa
¿Qué harías allí con ella…
ponerla
bajo la almohada?
¿En la bañera? Pues, no,
que perdería su gracia:
sería sólo agua quieta,
si acaso toda salada.
Deja esa ola, mi niño;
quiere irse de esta playa.
Pero si tú no la dejas
no van a venir las otras.
Además ya está cansada.
Deja esa ola, mi niño;
que la tienes amargada.
La está esperando su madre;
la pobre dirá, angustiada:
“Que se ha perdido mi olita,
ayúdenme a buscarla”
Deja esa ola, mi niño.
Juega un poco con la pala.
Haz un castillo de arena,
con conchitas y con algas.
¿Qué por qué…?
Pues no lo sé.
Tú el caso es dar la lata.
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