Una
banda de rocas
un
seguro de noche. Un portero de coche
zapatos
de lacón
el hueso
del tacón.
Una
llave de raso, un vestido de vaso
una
pared de focas.
Sarta
de despropósitos, reguero
excéntrico
de ripios insensatos
a todas
luces fuera de lugar,
por
aquello de tanta consonancia insolente
trufando
esos absurdos heptasílabos.
Y aunque no haya discurso que ofrecer
por faltarle el sentido y las razones
al escuerzo gimiente que palpita
sustentado en imágenes equivocas
al poeta, que soy yo,
provecho le procura el tal engendro.
Habrá quien no lo entienda a buen seguro
mas me sirvió de excusa,
de feraz campo impío
donde soterrar mis restos versales
al tiempo que practico con el metro
la entonación y el ritmo poético
que del vital difiere tanto o más
que los de cualesquiera aires bailables.
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