Entiendo que hay razones para todo,
hasta para verter melancólica mierda
en el espacio
que aguarda a los versos de un poema.
Razones y poetas, tantas son como cuantos
afirman escribir y a los cuales me uno
a la hora de cagarla.
Poetas y poemas, tantos hay como sobran
barro y charcos después de una tormenta,
o albañales se esconden en la entraña
de las ciudades.
No me gusta escribir sobre miserias
porque eso me deprime.
Si me siento jodido prefiero leer a otros
que gestionan mejor que yo sus traumas.
Pregunto: qué es real y en qué momento empieza
la farsa a difundirse.
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